residencia en valencia 2013

AGNIESZKA KOBYŁECKA

 

Unas palabras sobre la insoportable levedad del ser bañado en sol arrancado de la vida diaria.

 

Mi estancia en Valencia fue ligera, calurosa y agradable. Los viajes artísticos tienen en especial eso de que son tan poco comunes. Incluso las agencias de viaje más renombradas, a pesar de tener una enorme oferta de excursiones a lugares muy ricos culturalmente, no ofrecen viajes tan excepcionales. Yo he tenido el placer de hacer un viaje así, desprendiéndome, no sin pena y sentimiento de “Siewka”. Tengo la esperanza que tendrá un futuro mejor que mis otros trabajos, envueltos como mumias en folios y abandonados a su suerte. No puedo decir que fue el viaje de mis sueños, porque nunca soñé en ello. Al igual como nunca había estado antes en España.

Al lado del calor me llamó la atención la simbiosis de la flora mediterránea – las palmeras creciendo al lado de árboles de hoja caduca y una extraña falta de prisa de los transeúntes. Me sorprendió que nadie corriera en el paso de cebra. Por supuesto, se cruza estando el semáforo en rojo, pero con dignidad. No me he encontrado a nadie comiendo y yendo por la calle al mismo tiempo o hacienda estas acciones en otras combinaciones.

Durante mi mes de beca en Valencia he vivido cerca de la playa, en un piso amplio y luminoso de estilo IKEA. Fue mi casa, taller de cerámica, studio de ballet y hotel al mismo tiempo. Cada día aprovechaba la posibilidad que me fue dada de exponerme al sol. Daba paseos por la playa de acá para allá, sin dormir las noches del jueves al viernes y del viernes al sábado por motivo de una cercana discoteca, cuyos clientes tenían la costumbre de comentar los pros y los contras de la noche justo debajo de mi ventana. La ciudad me pareció maravillosa, aunque Valencia, como cualquier ciudad, tiene también sus barrios alejados del centro y no sólo en el espacio, sino también en la estética.

El casco antiguo de la ciudad es precioso , pero su encanto engañoso. Sus estrechas y pintorescas calles parecen estar situadas paralela y perpendicularmente, esta impresión no tiene reflejo en la realidad. Gracias a esto se puede disfrutar por mucho tiempo de los encantos de la ciudad tanto de día como de noche, de la cual los niños españoles aprovechan más que los polacos, que son encerrados en casa pasadas las ocho. Cuanto más me alejaba de los Jardines del Turia, más se hacían notar las influencias del Este. Las viviendas me recordaban las que había visto en Egipto, con la diferencia de que tenían terminados los tejados. Normalmente el punto culminativo de cada anochecer era la apertura de alguna exposición, escondida en las secretas calles valencianas, difíciles de identificar. Más de una vez el nombre de la calle en el mapa figuraba en catalán y en la placa de los edificios en castellano y viceversa.

El campus universitario de la Politécnica me pareció un sueño y parecía otra ciudad de floreciente juventud utópica. El patio principal me recordaba los lienzos de Brueghel, y los estudiantes echados en la hierba durante la siesta El País de Jauja. Lo tenían todo al alcance de la mano. Sentí mucho que en este País de Jauja podía estar sólo por un momento…

Nunca olvidaré los días previos a la exposición en la Galería del Tossal. Estaba preparando un trabajo inspirado por el libro de Milan Kundera “ La insoportable levedad del ser”. Eran trozos del cuerpo humano hechos en cerámica, delicados y frágiles como las conchas que había detrás de mi ventana y la naturaleza humana. Tuve la mala suerte de que se rompiera el termostato, lo que en algún sentido tachó esa delicadeza de blanco-arcillosos seres. Bajo la influencia de la temperatura no se parecían en nada, totalmente aplanadas, como si se secasen en forma de cristal líquido. Ese mismo día Teresa Chafer con un grupo de seis personas me ayudó a recomponer el trabajo, que me parecía imposible de lograr. Al día siguiente, justo antes de la exposición las coloqué sobre arena esparcida en círculos, de la cual sobresalían multiplicadas manos, pies, tobillos, rodillas y muñecas…El trabajo se titulaba La insostenible fragilidad del ser, enriquecido con la cita de Kundera: Tu cuerpo es como otros cuerpos, no tienes derecho a la vergüenza, ni motivo para esconder algo de lo que existen millones de copias idénticas.