santiago lopez fernandez residencia en varsovia 2014

SANTIAGO LOPEZ FERNANDEZ

 

Santiago López Fernández vive y trabaja en Valencia, España. Actualmente está haciendo su doctorado en la Politécnica de Valencia que colabora con la Academia de Bellas Artes en Bratislava. En su proyecto universitario está analizando el uso de los micrófonos de contacto en los dispositivos de cuerdas, conocidos también como ¨objetos de cuerdas¨.

Su trabajo está enfocado en performance, en las instalaciones de sonido con uso de las cosas de la vida cotidiana y también en instalaciones de las cuerdas largas, basadas en arte de spite-specific (una práctica inspirada en trabajo de los autores como Terry Fox o Paul Panhuysen).

Como artista residente en la galería de arte Nowe Miejsce (Lugar Nuevo) creó una exposición ¨Santiago López, 2009-2014. Documentación de recital¨ en la que presentará una serie de performances fotográficas, materiales audio-visuales, partituras gráficas de algunas piezas musicales, y también instalaciones de los años 2009-2014.

La exposición será inaugurada con tres conciertos compuestos por el artista: ¨Concierto para una percha¨, ¨Concierto para un pupitre preparado¨ y ¨Concierto para dos cables largos¨

AFORISMOS Y SENTENCIAS SOBRE LA PRACTICA ARTISTICA EN VARSOVIA  Santiago López Fernández

Las calles de Varsovia se ríen de los camiones de coca cola.

Las calles de Varsovia temen a los bloques de los 50 que pronto caerán y no aguantarán el tiempo suficiente para ver como su espacio es vendido. Las calles de Varsovia son como jóvenes futuristas que hablan de la estética de la guerra.

No se pueden tener prejuicios de las calles de Varsovia, todas son inocentes y solo algunas son viejas.

Los rascacielos se mofan del casco antiguo, ese pobre desgraciado que no es ave Fénix porque le han desbaratado su latencia en el tiempo. Aquellas ruinas que los ingenieros alemanes perpetraron no se corresponden con la idea de Albert Speer sobre la teoría del valor de la ruina.

El casco antiguo de Varsovia se viste con una máscara del Canaletto más relamido interpretándose a sí misma casi como en otro espacio y sin dramas.

Y es que no se puede pensar esta ciudad sin pensar en sangre, la sangre de los héroes que lucharon por su patria como japoneses kamikazes. Algo sobre los héroes vitoreaba al unísono la juventud filonazi en su desfile anual, donde lo más exquisito es ver un ochenta y ocho y un ancla caminando juntos en la misma dirección.

No hubo suerte de ver este año el más esperado evento del día nacional de la vergüenza en Polonia, la quema del Arco iris. Este es un aspecto cultural que se asemeja al de las Fallas de Valencia, una festividad de legitima tradición la cual el nacional­catolicismo ha pervertido y arrancado su significado, si Franco levantara la cabeza cocinaría paellas para la policía de la Pl. Zwabiciela.

Parece ser muy dificil ser homosexual o mujer en Polonia (y qué decir de mujeres homosexuales, de las cuales no conocí ninguna durante los dos años que pasé en la europa del este). Los derechos de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales además del feminismo se consideran cosas relacionadas con la palabra de Satán o con películas coreanas de bajo presupuesto, y eso da mucho miedo.

Los dirigentes comunistas tuvieron ese miedo a convertirse en gays y hacer la revolución socialista­homosexual mientras construyeron panales de hormigón para una correcta puesta de huevos (de propiedad estatal) que las mujeres debían poner y cuidar en casa y solo en casa. Y tal es, que hoy por hoy la palabra del señor y la cultura ancestral patriarcal colocan a la mujer polaca a la altura del musgo mientras que el homosexual se coloca un triángulo rosa con resignación y sin ninguna señal de pertenecer a la famosa corriente del romanticismo polaco.

El romanticismo aburre y da vergüenza ajena, felizmente no se encontraron romanticos en Varsovia, la vida social es de buen nivel y de calidad. Varsovia no llegó a convertirse en un lago, porque después del suicidio colectivo el lago fué socializado.

El barrio de Praga fué el lugar donde durante la segunda guerra mundial se quedaron esperando sentados unos babuinos con su orondo culo rojo. Una vez más se ha incrementado el índice de criminalidad en el barrio de Praga, se estan comprando espacios para construir refugios de gafas de pasta con mackintosh como productores de arte.

Arte criminal.

El nuevo edificio de la Excelentísima Academia de las Bellas Artes de Varsovia es construida por engañados mercenarios ucranianos que creen participar en un reality show donde se emula la vida de los trabajadores de las minas de coltán en la República Democrática del Congo. La inaguración del edificio es celebrada con una gran fiesta en la que la banda musical de la policía amenizó la velada con frenesí, como si de la venida de Juan Pablo Tercero se tratase.

En la calle de Jerusalén hay una isla donde está el Fotoplastikon y mi residencia. Allí cerca se disputan las ofertas de la cerveza Perla el zabka y el carrefour. A mitad camino entre ambos establecimientos unas muchachas te hostigan estirándote del brazo con el fin de meterte a un strip- show y prostíbulo persuadiéndote con la afirmación y falsa creencia de que los españoles son más calientes y gozan de un miembro mucho mayor.

El reloj del Palacio de la Cultura fué construido para ridiculizar a Stalin y marginar a los miopes.

Desde mi residencia algunas noches soñaba con que tomaba café con Stalin y charlábamos sobre nuestra orientación sexual y de lo interesante que hubiese resultado la idea que gira en torno a Joseph Goebbels sobre la frecuencia universal de 440 Hz si tuviese fundamentación científica.

A veces es absurdo organizar una exposición con material que es inmaterial y efímero en el tiempo y espacio.

A veces es absurdo que te visite el cónsul de la cultura española en Varsovia para regalarte su presencia mientras parte del material de la exposición te ha sido cedido en un bar de ambiente y el impuesto sobre la cultura en tu país es del 21%