Residencia en Tel Aviv 2014

El premio especial de Viaje Artístico de Hesita que yo no esperaba ganar me permitió un viaje artístico a Israel, ya segunda vez en este año. Las dos excursiones fueron totalmente diferentes pero se completaban . La primera fue posible gracias a la cooperación de la Academia de Bellas Artes de Wroclaw con Bezalel Academy of Arts de Jerusalén. El proyecto fue iniciado por una exponente de performance sobresaliente de Israel Adina Bar On y consistía en colaboración y un contacto continuo con un grupo de estudiantes israelíes con quienes podíamos intercambiar nuestras experiencias y confrontaciones. En cuanto al viaje que me ofreció Ergo Hestia eso me ayudó a aprender mucho sobre Israel, forzar mis relaciones y examinar de forma individual el concepto de espacio. El viaje de diez días fue muy intensivo y pasó muy rápidamente.

Ya antes de la salida tenía algunos pensamientos de lo que me iba esperar allí y que quería hacer. Aprovechando los contactos que entablé durante mi primer viaje conseguí junto con mi hermano un lugar y fecha para realizar una performance de sonido. La preparación para este acto consistía en meter en una maleta de avión unas toneladas del equipo de música, instrumentos electroacústicos, alambres, cintas de magnetófono y otras cosas cuyo cada control en el aeropuerto duraba muchísimo.

El primer día después de la llegada me sentía un poco perdido. La diferencia entre Tel Aviv (donde tenía esta vez mi base) y Jerusalén (donde antes pasaba la mayoría de tiempo) es enorme. Por los primeros días tuve tiempo para conocer la ciudad que por un lado es europea pero por otro oriental. Descubriendo el ritmo de la ciudad, relaciones entre personas y el ritmo del tiempo (en esta ciudad del clima subtropcial cada día había tormentas) realizaba algunas acciones, como por ejemplo dibujar en el espacio público y recoger materiales para mi otro proyecto. Después de algunos días en Tel Aviv, ya los tres (porque Jakub y Ewa se juntaron conmigo) nos despedimos de la ciudad para un tiempo y partimos al desierto: un oasis cerca del Mar Muerto para pasar una noche más bajo que vive la mayoría de los animales en los océanos.

El tema principal después de llegar a Jerusalén era preparación de una performance de sonido que se iba a basar en las lineas dibujadas en el espacio por un alambre amplificado y un cinta de magnetófono. Esta vez saliendo de los muros seguros de galería estuvimos con la instalación en el espacio público en un patio de una casa cerca de un centro cultural Koresh 14 (antes lo hacíamos en algunos festivales de música o galerías, por ejemplo en Canti Iluminati de Wroclaw o en la Galeria U). Ya antes de primera prueba de sonido nuestra preparación provocó una indignación, amenazas por parte de policía y una inesperada agresión de una vecina (que como resultó después fue una organizadora de actos parecidos). Esta desagradable situación podía terminarse en anulación de nuestra presentación, pero se nos ocurrió una idea para hacerlo en silencio, con cascos. Poca cantidad de auriculares hizo que nosotros, los autores, no oímos la música que tocábamos, y los oyentes tuvieron intercambiar entre ellos los cascos. Esa, en cierto sentido abierta forma del evento, provocó una interacción entre los oyentes, nosotros e instalación que al final prolongó el acto de 20 minutos previstos hasta unas horas.

Después de la performance había que coger un taxi de Jerusalén para llegar al aeropuerto de Tel Aviv (los autobuses no funcionaban porque ese día se celebraba sabbat). Tuvimos que aguantar un proceso de varias horas de salir de un país fortaleza, explicar muchas veces a que nos servía 25 kilos de alambre, cables y dispositivos electrónicos que llevaba en mi maleta, esperar varias horas en el aeropuerto de Múnich, volar inesperadamente por encima de pequeña Praga para al final aterrizar en Wroclaw frio.

En primavera cuando estuve en Israel por primera vez nadie esperaba que el conflicto entre Israel y Palestina se iba a intensificar tanto como pudimos ver en verano. Antes las informaciones más preocupantes nos llegaban desde Crimea. Cuando llegamos en otoño los ecos de la guerra en Gaza se pudo notar en cada parte. Alguna conversación sobre el enfrentamiento se terminó con un llanto incondicional. Descubrimos que ideas sobre este conflicto entre los soldados jóvenes no son de calor blanco y negro, que ellos tienen muchas dudas en cuanto al fin y razón de las decisiones del gobierno de Israel. No estuvimos en peligro directo pero unos días antes de nuestra llegada, durante el viaje y después de la vuelta nos llegaron informaciones sobre atentados y ataques. Este viaje fue para mi muy intensivo tanto artística y turísticamente, como emocionalmente. Por una parte me dio muchas emociones, por otra me dejó con deficiencia, pero ha marcado nuevas direcciones en mi vida profesional y me aseguró en una convicción que un día volveré allí.