residencia en nueva york 2014

Here I Come New York.

Nueva York es una gran ilusión, una ciudad imaginada. En mi guión fantástico, no sin motivo, es una ciudad de la fantasía de películas.

El primer día empecé bastante tarde por causa de cambio del huso horario, tras aclarar algunos asuntos importantes en Brooklyn dónde tenía mi piso, al atardecer llegue ̈por primera vez ̈ a Manhattan. La verdad es que no fue mi primera vez, ya que estuve allí tres veces antes. Por última vez cuando tenía 10 años. Fue una edad muy interesante. Aunque por un lado los recuerdos de esta época son casi imperceptibles, por otro, la estancia en esta ciudad grabó en mi memoria los recuerdos más intensivos, sin embargo filtrados por el prisma de mi imaginación infantil (me acuerdo de un calor insoportable, un liquido que goteaba en el metro de su techo, que por última vez ya no estaba, un queso muy graso de la pizza que se estiraba de forma platónico-fantastica, y también mi primera película animada que hice allí de la plastilina). Por eso me sentí como que estuviera conociendo todo por primera vez, y al mismo tiempo como si intentara recordarme una película que no vi desde hace mucho tiempo. Antes de salir de Polonia estaba muy curioso como sería este choque de mis recuerdos de NYC con lo que me iba a esperar allí ahora. Fue algo intensivo.

Viajando de una parte a otra de Brooklyn, estaba terrible cansado y todavía notaba efectos de famoso ̈jat lack ̈. Cuando estaba en este estado de semi-sueño, todavía no totalmente consciente de la realidad, de repente me encontré en Manhattan. Quería un móvil con un nuevo numero americano. Tenía que andar por muchas tiendas. Teniendo en cuenta mucha población que habitaba las calle de las tiendas en Manhattan en cada una tuve que esperar en una cola. Durmiéndome, al mismo tiempo miraba las pantallas que se ubicaban en cada parte y en las que ponían ̈El sorprendente Hombre-Araña 2 ̈ (en serio, la ponían en cada tienda). Recuerdo como por algunos minutos inconscientemente observaba una pantalla pequeña donde el protagonista saltaba y tendía su telaraña entre los edificios altos de Manhattan. En este momento, por fin, entendí donde estaba. Ando por las calles, paso al lado de los policía gordos y no me extrañaría nada si viera a unos individuos volando entre los rascacielos. Otra cosa que allí todo el tiempo algo está volando entre los rascacielos, igual como en ̈El quinto elemento ̈.

Por eso, no que me sentía como en una película, sino como en una realidad de películas que veo cada día en pantalla del portátil o en cine en Cracovia. Tenía esta sensación por toda mi estancia. La paranoia masiva del ébola, me recordaba por las noticia de la tele las famosas americanas películas catastróficas. Lo contrastaba con lectura de un bestseller americano: una guía de sobrevivencia que trataba de epidemia de zombis, publicada, por supuesto, solo en América que es un tierra de zombis. Lo que completó mi sensación fue el último día de mi estancia allí: Halloween. Durante este día en serio vi al Spiderman, esta vez ya no en pantalla, sino a un real que iba hacia mi. Y no solo uno, muchos. Fue igual como en un capítulo de la serie sobre el Hombre Araña, donde por un portal interdimensional, el protagonista encuentra en Nueva York a todos otros hombres arañas de otras dimensiones de la realidad, cada diferente, de diferente sexo. Entonces, el Hombre-Araña me perseguía, muchos de los americanos que conocí jugaba en un juego de su móvil donde se encarnaban en este protagonista. Tengo tendencia a teorías conspirativas de carácter egocéntrico relacionadas con mi propia forma de interpretar el mundo. En Nueva York encontré al Hombre Araña.

Voy a ser sincero – todos sabemos que un mes es un tiempo muy corto para satisfacerse de esta ciudad, es obvio – la ciudad es enorme, no solamente por su geografía. Está llena de su propio culto, e insatisfacción continua forma su estructura. Este mes fue un periodo muy intensivo que pasé sobre todo en la exploración de la ciudad. Y nunca me bastaba. Volví con la sensación de insatisfacción. La gente hasta ahora me pregunta donde estuve, y donde no. Pero esta ciudad se basa en el déficit. Al final es la capital del capitalismo. Allí de las personas se exige un hambre de todo. Tienes que tener hambre de ̈pasta ̈, exposiciones, gente y de las famosas ̈posibilidades ̈ neoyorquinas. ̈Nueva York es la capital de las posibilidades ̈, con estas palabras muchos americanos me lo recordaba. Los neoyorquinos gozan de esta sensación, ella los alimenta, y ellos cultivan en sí mismo este hambre de posibilidades. Eso constituye el mecanismo de la vida en esta ciudad.

Durante un día era capaz de tener dos reuniones importantes (mejor es tener una para poder hablar más tranquilamente), porque por el resto de tiempo estaba viajando de un punto en el mapa al otro. Casi todo el día se lo pasa en el metro. Tenemos que imaginarnos con qué tenemos que ver aquí – por causa de enorme infraestructura que se extiende no solamente de forma horizontal, sino también hacia arriba, hay que organizarse el espacio de la vida cotidiana en cada nivel. No basta que se pierda mucho tiempo en moverse (y eso también requiere mucha puntualidad), porque además, muchas veces, cada de estas reuniones no es típica – estamos en Nueva York. De esta manera funciona la mayoría de los neoyorquinos. Para esta realidad de la vida se necesita unos estímulos e impulsos fantásticos – por eso los habitantes tienen risas artificiales y con impertinencia usan la formula ̈feel great ̈ en cada dos palabras. No me quejo de eso, realmente, a veces sentía cierto placer en esta soñada energía que se nota incluso en el mismo aire, como ̈la fuerza ̈ de ̈La guerra de las galaxias ̈.

Muy significativo para mi fue el choque de dos mundos cuya existencia antes no percibía de esta forma. Entendí que en Polonia sobre todo se aprecia el arte de la critica y del compromiso social y político. En esta ciudad esto funciona de otra forma – allí viven los ricos compradores que necesitan el arte bueno para el salón. Puede ser que esta visión esté exagerada en comparación con la realidad, pero NYC es un lugar donde se puede observar muy claramente la frontera de estos dos mundos. Y este famoso Jeff Kunss cuya retrospectiva vi por casualidad en Whitney Musseum. Después de la exposición, cuando volví a casa y me acostaba, pensé que quería ser Jeff Kunss: tener una fábrica que produciría mis obras de arte, mucha pasta y sesión fotografica con una estrella prono (con la que luego me casaría). Pero al mismo tiempo lo odiaba. En aquel entonces tenía plan de escribir un texto ̈I’ fuck you Nueva York ̈, pero lo dejé. Jeff Kunss es un ejemplo ideal para hacer del mito neoyorquino una realidad, un modelo de un artista americano satisfecho completamente. Personalmente aprecio mucho a este artista y admiro varios de sus trabajos – pero eso tenía también algo horrible. Viendo en Internet los trabajos no se lo siente pero allí, tenía impresión de que como si fuera un pobre, un cualquier Batman de la calle que encuentra a Joker, pero no éste anárquico, clandestino, sino un capitalista en una puesto alto que es un payaso cínico.

Me gustaría subrayar en este texto que el Viaje Artístico de Hestia organizó perfectamente mi estancia en Nueva York. Tuve un piso maravilloso con las condiciones ideales, tardaba 20 minutos yendo al estudio que se ubicaba en una excelente institución neoyorquina ISCP. Para algunos 20 minutos puede parecer mucho, sin embargo, para la realidad en esta ciudad fue un lujo. La mayoría de los artistas a los que conocí en ISCP tenían sus pisos mucho más lejos de sus estudios.

Llevé conmigo muchos libros, siempre hago así. Uno me interesó bastante. Fue ̈Retorno de las estrellas ̈ de Stanisław Lem. Un libro ideal para viajes solitarios, especialmente a las grandes metrópolis. El libro cuenta sobre un astronauta, que por una paradoja de Enstein volvió de un viaje al universo a la Tierra donde durante su ausencia pasó 150 años. El protagonista no puede encontrarse con facilidad en la futura sociedad cambiada totalmente. El tamaño de la ciudad lo aplasta, también la tecnología que está por todas partes, la frontera entre lo real y lo no real se borra y la misma Tierra se parece más a un ̈planeta ajeno ̈ para entender y explorar de nuevo. Sinceramente, mi estancia en Nueva York no era fácil – no me refiero a los problemas típicos para adaptación en una ciudad nueva ya que todo lo preparado para mí fue perfecto y lujoso. Nueva York aplasta, hay que decirlo claramente, pero por otra parte, en esta fastuosidad hay algo que intriga y fascina. Estoy seguro que volveré allí.

En Nueva York hice una corta grabación que iba a ser el relato de mi estancia allí para el Viaje Artístico de Hestia. Sin embargo, por mala suerte lo perdí. Durante mi viaje de Staten Island a Manhattan en un crucero al que llegué a las 6 de la mañana para captar el momento de amanecer grabé un corto vídeo. Cuando el sol salía en la parte superior del crucero, en su centro estaba un hombre solo, muy alto con el flequillo pelirrojo enorme. El hombre en este amanecer, como un viajero romántico, estaba para empezar a bailar solo para sí mismo y grabar en su móvil un vídeo-selfie, moviendo al mismo tiempo su enorme y rizado pelo de color pelirrojo. Lo hacía en contra del viento que lo chocaba. En el fondo se veía majestuoso Manhattan que se acercaba, se parecía a una acumulación de cajitas de plástico de pasta de dientes que estaban solas en un gigantesco océano. Lo grabé todo. El vídeo se iba a llamar ̈Here I Come New York

Xavery Wolski

16.11.2014