maria barrachina residencia en varsovia 2016

MARIA BARRACHINA

 

A veces cuando menos lo esperas, algo chulo sucede.

Hacía tres semanas que acababa de dar a luz a mi hijo Leo. Llamaron por teléfono y al otro lado la voz de Teresa Cháfer, directora de la Cátedra DKV en Valencia, me decía que era la ganadora de la Beca DKV GRAND TOUR para irme un mes a Polonia.

Sinceramente durante el primer minuto de conversación mis neuronas no supieron qué hacer, cuando das a luz tu vida cambia así, de golpe, y aún más cambian tus plácidas noches de sueño y descanso neuronal.

Yo pensé, “Uooooh! Pero que broma es esta!! Justo ahora que acabo de ser madre me dan una beca para irme al extranjero, a Polonia. Si es que yo ahora tengo un bebé que vive unido a mi todo el día. Esto es imposible.”

Los dos meses siguientes de saber la noticia y conocer más a fondo de qué va eso de ser madre me convencí a mi misma que no podría irme. ¿Cómo me iba a ir a Polonia? En mis pensamientos Polonia se representaba como algo desconocido, un país con temperaturas gélidas en las que un bebé seguro que no sería capaz de sobrevivir fuera de casa. Además, estaba claro que la opción de viajar sin el bebé no entraba en mis planes.

Y es verdad, que cuando no conoces algo, en la cabeza de uno surgen miedos a todo lo que imagines; miedo al clima, al idioma, la gente, la comida, la moneda, ….

Suerte que una tiene una pareja muy apañada y racional y es capaz de darle la vuelta a la tortilla a las cosas raras que le pasan a uno por la mente. Entre los dos llegamos al pacto de que el viaje se haría con Leo pero yo no estaría sola, él y un familiar mío se turnarían para acompañarme.

Cuando Leo cumplió los cinco meses, estábamos montados en un avión con destino a Varsovia. ¡Y qué emocionante parecía todo esto ahora !

Mi decisión frente a este viaje era, ante todo, la de vivir el viaje en sí y poder nutrirme de él, sin la necesidad de crear obra in situ. Solo al regresar a España y tras reflexionar sobre todo lo experimentado sería capaz de ver si estas experiencias propiciarían algún cambio en mi obra o en mi modo de trabajo.

Resulta que Varsovia se convirtió en un lugar súper acogedor para mi y mi familia. Allí comprendí que la mejor manera de llevar la maternidad es paseando y visitando la ciudad, descubriendo su historia al caminar por sus calles en los Free Walking Tours. Además, el efecto sedante de todos estos paseos hacía que Leo se relajara muy fácilmente y cogiera el sueño enseguida.

He descubierto muchas cosas con los recorridos que hicimos por las calles de Varsovia en los que sus gentes me han hablado de su historia, llena de guerra, crímenes y espíritu de superación. He podido imaginarme y sentir de cerca un trozo de su pasado y hacer más próximas a mi las vidas de las personas que murieron en la Segunda Guerra Mundial. Lo mal que lo pasarían todos, pero he pensado en aquellas madres que sabían que sus hijos no tenían ninguna oportunidad de sobrevivir en ese lugar.

Muchas veces en mi apartamento me despertaba a media noche recordando todo lo que había aprendido acerca de la historia de Polonia y el hecho de que al caminar todos los días por la ciudad lo hiciéramos sobre un espacio en el que murió demasiada gente me hacia sentir que mi habitación se llenaba de fantasmas.

Con todo esto he pensado en nuestro presente y no he podido más que pensar en las actuales guerras y en todo lo que queda por hacer para que la vida de muchas personas tenga el valor que se merece.

En esta ciudad visitamos todos los museos y galerías que pudimos y gracias a las personas de la fundación Artystyczna Podróz Hestii que allí nos recibieron fuimos capaces de conocer aspectos de la misma que de otra manera no habríamos comprendido. En especial Magda, Monika, Janusz, Nauzet y Grzegorz hicieron que no nos sintiéramos extranjeros en la ciudad de Varsovia.

El destino de un viaje es importante, pero lo que marca la intensidad de los viajes son las experiencias que puedas vivir en el mismo. Eso, junto a la capacidad de encontrar a las personas adecuadas que sepan transmitirte el valor de dicho lugar.

Durante nuestra estancia allí visitamos otras ciudades como Cracovia llena de su esencia histórica y Lódz, que cierto, como dicen es muy fea, pero para mi era importante descubrir sus murales y ese ambiente de ciudad descuidada y decadente que Polanski utilizó para algunas de sus películas.

Cuando me fui de Polonia pensé que ese mes allí se había pasado demasiado deprisa, que me quedaban bastantes lugares por visitar, un montón,… Que seguramente me perdería muchos matices, como por ejemplo, todo el color de los árboles en primavera y el olor que desprenderían sus flores con la llegada del buen tiempo. Creo que las mejores fechas para viajar a Varsovia son a partir de mayo.

Puede que el valor de este viaje haya sido el hecho de aceptarlo, obviando las primeras señales que surgieron en mi mente y que me decían que no sería capaz de viajar con un bebé y seguir hacia delante con las expectativas que uno se genera en su vida, sin sentirse abrumado por los cambios que se producen en ella.

La vida es el viaje, el inicio y el final son solo dos puntos en el conjunto del recorrido.

(fot. Maria Barrachina, Grzegorz Czaplicki)